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Templarios y otras Órdenes Militares PDF Imprimir E-mail

La muestra permanente "Templarios y Otras Órdenes Militares" se exhibe actualmente en el Imperial Monasterio de San Clemente, en Toledo. Laborables de 10:30 a 21:00h, sábados y domingos de 10:30 a 21h ininterrumpido. 

Díptico informativo

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Monográfico Exposición

 

Hacia el año 1118 llegaron a Jerusalen varios miembros de la nobleza francesa. Uno de ellos, Hugo de Payns, tomó junto a sus compañeros los tres votos ordinarios de los canónigos regulares -obediencia, pobreza y castidad- más un cuarto voto de defensa del Santo Sepulcro y de los peregrinos que lo visitaran. El patriarca de Jerusalén aprobó el nacimiento de esta nueva orden religiosa-militar y Balduino II, rey de Jerusalén, admirado por el celo de estos “Pobres Caballeros de Cristo” les cedió un ala de su palacio, siendo conocidos desde entonces como “caballeros templarios”.

 

 

Tras varios años en Jerusalén, Hugo de Payns y otros cinco caballeros templarios viajan a Europa con un triple objetivo: conseguir la aprobación de la Orden y su regla, reclutar nuevos miembros y obtener recursos económicos para desarrollar su misión.

El reconocimiento pleno por parte de la iglesia llega durante el Concilio de Troyes, en el que se aprobó la regla que regiría la orden. Con la aprobación de la regla latina en 1139, pasa a estar bajo la autoridad directa del pontífice, lo que va acompañado de importantes privilegios. Tras el Concilio de Troyes, los templarios se trasladaron a los reinos cristianos de Europa en busca de apoyo. Su éxito fue enorme y en pocos años recibieron numerosas donaciones.

La Orden del Temple contó desde el principio con un número importante de recursos financieros procedentes de donaciones particulares y de los privilegios fiscales otorgados por el papado, que les permitía conceder préstamos.

La red financiera estaba dirigida por la encomienda de París en donde el propio rey de Francia, Felipe Augusto, depositó el tesoro nacional.

El ocaso de la Orden se produce con la disolución definitiva de los Estados Latinos de Oriente hacia 1291. Los templarios regresaron a París. Los acontecimientos en Oriente y su nueva situación en Occidente provocaría su declive. Su independencia del poder civil y sus privilegios en el mundo eclesiástico les convertían en una amenaza. El tesoro de la corona francesa estaba bajo la tutela de los banqueros de la Orden y sus propias riquezas lo triplicaban.

Felipe IV, rey de Francia, temía que los Templarios aspirasen a fundar su propia soberanía en Francia e intrigó para terminar con la Orden después de que el Papa le denegara la fusión del Temple con la Orden del Hospital bajo el maestrazgo de sus hijos.

Tras diversas calumnias, se inician procesos inquisitoriales y se ordena la incautación de todos los bienes de la Orden y su puesta a disposición de la Iglesia. En el Concilio de Vienne (1311), el papa Clemente V ordena transferir los bienes templarios en disputa a la Orden del Hospital.

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